Jesús en prisión, cárcel de San Lucas.


Durante 119 años la Isla de San Lucas funcionó como centro penitenciario en Costa Rica. Su larga historia no carece de períodos de tortura e injusticia. Se sabe de la presencia de convictos menores de edad (14 o 15 años), que fueron enviados a la isla por cometer un hurto menor.

Las paredes de las celdas cuentan historias mediante dibujos realizados por sus habitantes. En ellas aparecen desde personajes de tiras cómicas (como Memín), hasta los grilletes y cadenas que se usaban para retener a los más peligrosos.

Junto a las imágenes podemos leer frases que describen, también, lo que se vivía y se sentía en San Lucas.

  • Respete esta cama, Artavia.
  • La libertad cuesta, pero se logra.

De todos los graffittis que encontramos en aquellas barracas, nos llaman la atención sobremanera, los que tienen que ver con aspectos religiosos de los prisioneros. No pocos dibujos representan a Jesús. La fe de aquéllos moradores sin libertad estaba presente. En muchas de ellas podemos ver cómo muchos privados de libertad clamaban a Jesús para que les diera las fuerzas para poder soportar lo que vivían en la isla.

Al intentar comprender la fe en Cristo desde el punto de vista de un prisionero de San Lucas, entramos, irremisiblemente, en aspectos teológicos importantes. Esto nos debe hacer reflexionar.

Recodemos la imagen del criminal que murió junto a Jesús en el Calvario, quien recibió la salvación y el privilegio de ser quien inaugurara la era de la gracia. Es posible que los espectadores de aquella escena a los pies del Calvario gritaran airados al escuchar las palabras de Jesús, redimiendo al infame criminal que colgaba a su lado. Quizás los familiares de un hombre asesinado o de una niña violada, pensaban que por fin se estaba haciendo justicia dándole a este asesino su merecido. Lo verdaderamente justo, para ellos era verlo sufrir y morir. Lo eminentemente injusto era que, a pesar de sus crímenes, este hombre iría al paraíso y disfrutaría de una eternidad de paz y abundancia. Y no existía decreto legal, juicio terreno, crucifixión, denuncia, o muerte indigna que pudiera arrebatarle el fruto de su fe: La salvación (Ef.2:9).

Tendemos a pensar que quienes están en prisión no poseen una categoría de fe como la nuestra, que somos “buenos”, precisamente porque ellos son “malos”. Este pensamiento es una verdadera contradicción con lo que enseña la Biblia. La Biblia nos enseña que ninguno de nosotros es bueno, ninguno de nuestros corazones es limpio por naturaleza y que “los buenos no van al cielo” (Rom. 3:12). De esta forma, nuestro corazón y nuestro espíritu se encuentran en la misma situación, en la misma necesidad, frente a la Cruz. Somos todos sencillamente necesitados del perdón y de la misericordia. Estemos en prisión o estemos en libertad; tengamos dinero o carezcamos de bienes; estemos señalados por la sociedad o gocemos de buena fama y nos llamen “personas honorables”.

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