Clics de lucha


Todos luchamos. No hay una sola persona del planeta que no esté luchando. Lucha y vida son compañeras inseparables. Solo el que lucha vive y solo el que vive lucha. También puedo decir que solo el que lucha aprende a vivir, y que entre más dura sea la batalla, más bella le resulta la vida. Si, la vida, esa infinidad de pequeños instantes que juntos producen experiencias.

Todo esto es particularmente evidente cuando se observa con detenimiento la vida dentro de un hospital. Ahí podemos ver un micro mundo compuesto por personas diversas. Dentro de esos edificios podemos percibir, si observamos con ojos atentos, lo que en la hermenéutica alemana llamarían el Sitz im leben (Situación de vida) y el Sitz im glauben (Situación de fe) de muchas personas que luchan a la vez, cada una su propia guerra.

Mientras los practicantes luchan por obtener su habilitación formal, algunos otros médicos con puestos altos luchan por imponer su autoridad. Este fue el caso del doctor, jefe del turno de la mañana del domingo 5 de febrero del 2012, en Emergencias del Hospital Nacional de Niños. Los niños que estaban en camillas en esa sección del Hospital habían pasado una de las peores noches de sus vidas, habían llegado a ese lugar por una emergencia. Ahora intentaban descansar un poco. Sin embargo el doctor en cuestión, al llegar encabezó una escena inesperada. Gritaba a voz en cuello de lado a lado, riendo y contando chistes. Sus gritos despertaban y molestaban tanto a los niños enfermos como a los padres que sufrían junto a ellos. Aquello de que “El Hospital es un Templo” lo había olvidado o le importaba muy poco. Cuando me acerqué a solicitarle respeto por los pacientes, rogándole que bajara la voz, me respondió que él era jefe en ese lugar y podía hacer lo que le daba la gana. Lamentablemente su lucha por obtener atención y por imponerse sobre los demás iba en evidente detrimento de la salud de los pacientes.

La lucha más pertinaz la libran estos pequeños pacientes. Muchos de ellos aún no articulan palabras, pero ya reconocen el sonido de los monitores, el olor de las salas de operaciones y la sensación de hambre, mientras una gota de suero lo alimenta durante días enteros a través de una vía.

Algunos de estos pequeños luchadores han pasado toda su vida encerrados entre los barrotes de las cunas. Abandonados por sus padres al nacer y a la suerte de las enfermeras de turno. Aguardan las interminables horas. Aprenden a gritar y a observar todo lo que acontece a su alrededor. Aprenden a jugar con los barrotes, sábanas, cánulas o lo que encuentren a la mano. Ese es su mundo. Un mundo frío y lleno de dolor. En las dos ocasiones que mi hijo Santiago ha estado internado en el Hospital he notado que en secciones con hasta 38 pacientes, solo son visitados 10 o 15. El resto de los niños permanecen solos y las únicas visitas que tienen son las de las enfermeras cuando hay que inyectarlos o hacerles algún procedimiento.

Otra lucha encarnizada la libran los pocos padres que permanecen junto a sus niños día y noche. La gran mayoría son mujeres solas, que sortean todo tipo de vicisitudes. Todo por amor a sus hijos. Largas horas nocturnas, de vigilia, de temor, de soledad. Los pocos minutos que se duermen no son suficientes, en realidad no podríamos llamarle “dormir” a ese “dormitar” alerta que vigila, mima, monitorea, reza y trabaja día y noche. Frio, hambre, sed, en un espacio reducido, con pocas pertenencias…

Al menor quejido del niño, cada padre o madre salta como un resorte, baja la baranda e intenta consolar al bebé con manos de amor y canciones de cuna. Revisa las sondas, cánulas, heridas, temperatura, oxímetro y, de ser necesario, corre en busca de alguna enfermera para atender a su pequeño ángel. Las enfermeras son siempre nuestras aliadas. Sabias y hábiles, sonrientes y cariñosas, pero siempre llenas de trabajo y corriendo de un lado a otro. Su lucha es sutilmente compleja. Luchan por atender de la mejor manera a sus pequeños pacientes, también luchan por atender, explicar, consolar y animar a los padres que las llaman incesantemente (algunos las increpan y ofenden), pero también su lucha está en acatar a cabalidad las órdenes de los médicos. La tensión se siente en el ambiente. Tengo que decir también, que no todas las enfermeras o enfermeros son entregados a su profesión. Los hay que no quieren trabajar, los que maltratan tanto a niños como a familiares, los negligentes y amargados, pero son la excepción.

Con esta silla de playa intenté hacer mi lucha y la de mi esposa un poco menos incómoda. Instalé esta silla en uno de los pasillos del cuarto piso del Hospital. En ella oré con todas mis fuerzas, en ella creí y me empeñé en no perder la fe ni la esperanza, en ella dormité, leí y lloré.

Una lucha que es común, y que nos une a todos, es la lucha contra el tiempo. El tiempo lo abraza todo, para un paciente, las horas son interminables, para sus padres son desesperantes, para los médicos son la evidencia del éxito o fracaso de sus habilidades.

Afuera del edificio también se viven muchas luchas. Aquellos familiares y amigos que no lograron obtener permiso para entrar, los vendedores ambulantes y los agentes de seguridad del Hospital que procuran mantener el orden en todo momento. La noche del lunes 6 de febrero del 2012 sucedió algo especial. Una serenata silenciosa rompió la triste monotonía del Hospital y, desde afuera, lucesitas encendidas, la lucha de toda una Comunidad (Interludio) nos unió como hermanos, como familia. Esa noche luchamos todos, creímos todos, sonreímos todos. El amor siempre gana, la esperanza se alimenta de amor, nunca de odio. La fe se alimenta de amor, nunca de amenazas. La Comunidad lucha junta o no lucha en lo absoluto.

Toda raza y toda lengua luchan. Todos luchamos, esta lucha no distingue credos ni razas.

El momento más hermoso de cualquier lucha es la llegada de la victoria. Aun los instantes precedentes al grito de victoria son placenteros, dulces y suaves, porque intuyen y adivinan la alegría de regresar a casa. La alegría de haber luchado, de haber soportado y de haber vencido… una vez más.

“…ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación” Col 1:11.

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16 Comments

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  1. No tengo el placer de conocerlos, pero tenemos amigos en común y por ellos me he enterado de lo que están viviendo. Recien termine de leer tu comentario y he de confesar que lagrimas corren por mis mejillas. Lagrimas de felicidad por ver q han vencido una vez mas, por simplemente imaginar a ese pequeño campeón luchando por vivir y a vos y a tu esposa orando y abandonandose confiadamente en Dios. Son ustedes, esa hermosa familia de tres, un ejemplo para todos. De verdad que están en mis oraciones, guerreros valientes!!! Que el Senor los bendiga y fortalezca a los tres con su amor y su luz. Tengan la seguridad que a Santi lo abraza el Senor cada momento .

  2. Haaaa !!!! José: Cuanto me falta por aprender de tí, eres un ser con un verdadero corazón y son ustedes tres una familia sin palabras pero con muchas fuerzas me deja esta historia para seguir luchando en el nombre de Jesús !

    Juan.

  3. Una dura realidad, sin embargo, también un maravilloso testimonio de Amor, Fé y entrega…

  4. Una lucha llena de amor, fé, y valentía. A la distancia con de ustedes. Santi es un verdadero guerrero con unos padres maravillosos. No tengo el placer de conocerlos, soy la mamá de una compañera de Silvia de la escuela (Laura Córdoba) y recuerdo a su familia con mucha cariño.

    Qué los ángeles estén siempre a la par de ustedes!

  5. Hola José!!!

    Cientos de veces he respondido a sus posts a través de mi querida Silvia, que afortunadamente decidió compartir estos mensajes de esperanza con nosotros.
    En este momento, las lágrimas corren abundantemente por mi rostro… Yo estuve allí, por más de un mes… y antes estuve en Neonatos del H. México.
    Sé lo que es posar la vista sobre el sol que se asoma bríoso sobre el edificio Mercedes Benz durante decenas de días que se escurren lentamente, sé lo que es el malatrato y la incomprensión de algunos; pero también conocí la invaluable bondad de aquella mujer con menor escolaridad y más llena de carencias, que en la infinita bondad de su corazón, me cedió el quirófano que su hijo esperaba desde hace meses para que operaran a mi hijo de emergencia.
    Como ya le he contado antes, mi Fabi no sobrevivió a aquellas experiencias. Sin embargo, leer sus comentarios y ver la carita de Santi sonriente, fuerte y repleto de vida tras la prueba, me llena de alegría… la misma que en algún momento desee para mi.
    Dios les bendiga enormemente José… a ud, a Laura y a Santi. Les permita vivir una infinidad de años para que sigan compartiendo y divulgando este testimonio de amor y fé.
    Cariños, Mónica

    • Josito y Lau: lagrimas corren en mis mejillas donde leo cada palabra que has escrito y realmente me puedo transportar a estos salones llenos de lagrimas, luchas y gran necesidad.
      Pero a la vez , veo claramente el propósito de Dios detrás de todo esto de Santi para con ustedes como sus siervos y personas de sensible corazón.
      Y una vez mas damos gracias a Dios por hacer milagros tan reales en Santi y darles la paz, el gozo y la fe que solo El sabe dar.
      Gracias Jose por hacernos parte de esta realidad que muchas veces esta tan alejada de nuestros ojos, los amamos de verdad.

  6. es sorprendente como puedes llegar a remover sentimientos en mi corazon con tus palabras y sentimientos, eres un mensajero de Dios q utilizas este medio tan extenso pr recordarnos la realidad del mundo y mantener la esperanza en esta maravillosa experiencia llamada vida…. simplemente GRACIAS!!!!

  7. Gracias por traernos de vuelta a la realidad y recordarnos verdades eternas. Ustedes estan llenos de Dios y de El viene toda buena fuerza. Nuestro paso por aqui es transitorio y corto, pero cuando lleguemos a Su casa descansaremos y estaremos ahi para siempre.

  8. simplemente muda, podria compartirlo en mis redes sociales?

  9. Hola, no tengo el placer de conocerlos, soy cuñada de una amiga suya y he estado muy pendiente de Santi. Mi familia y yo le hemos pedido mucho a Dios para que salga adelante y lo seguiremos haciendo hasta que ya este bien.
    Me identifico mucho con ustedes, su situación y comentarios ya que nosotros vivimos lo que ustedes han vivido. Cada palabra que escribe me recuerda en tiempo en que mi hijo estuvo en el HNN, gracias a Dios el salió adelante. Cada una de sus palabras me llega muy adentro en el corazón ya que solo los que hemos estado ahí sabemos realmente el gran dolor y tristeza que se siente pero también la alegría mas grande del mundo cuando nos dan una buena noticia. Estoy segura que Santi va ha salir bien, el es un gran luchador…

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