¿Qué dice Jesús acerca del sexo?


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¿Pensó Jesús en el sexo? ¿Fue tentado en el área sexual? ¿Apreciaba Jesús la belleza femenina como cualquier otro hombre? “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Hebreos 4:15). Este texto nos ayuda a reflexionar abiertamente sobre estas cuestiones. Al parecer Jesús sí pensó en la sexualidad, la enfrentó, tuvo luchas tanto mentales como físicas, pero nunca pecó.

El imaginario cristiano ha creado un sinfín de mitos acerca de la idea que tenía Jesús sobre del sexo. La mayoría de nosotros, al pensar en lo que diría Jesús de nuestra sexualidad, tendemos a sentirnos amenazados ante una mirada demasiado estricta, como si tuviéramos delante un extenso tratado, redactado por Jesús, en el que se contiene todo lo que debe ser nuestra conducta sexual adecuada.

Lo cierto es que los Evangelios no nos dejan mucho espacio para reflexionar acerca de lo que pensaba Jesús sobre el sexo. En el Nuevo Testamento podemos encontrar 298 sugerencias o instrucciones de Jesús de cómo debemos comportarnos. Todas ellas distribuidas a lo largo y ancho de las páginas del Nuevo Pacto. Sin embargo solo podemos encontrar 4 declaraciones o ideas de Jesús acerca de nuestro comportamiento sexual.

Esto llama mucho la atención si observamos que nuestras iglesias han invertido los pesos de la balanza y han puesto más énfasis en instruirnos acerca del comportamiento correcto en materia sexual que en cualquier otro asunto de la vida cotidiana del ser humano. Para Jesús había cosas más importantes que darnos clases de sexualidad. Jesús sabía de sobra que una sexualidad desordenada era el resultado de un corazón desordenado, y una sexualidad ordenada era el resultado de un corazón ordenado. Por eso quiso hablar más acerca de nuestro corazón (y ponerlo en orden) que de nuestra sexualidad.

Enrique Rojas (psiquiatra español) ha sugerido que en las escuelas y colegios se cambie la “educación sexual” por una “educación sentimental” porque, como Jesús, él también ha comprendido que cuando el corazón y la mente tienen el orden y la educación correctas, la sexualidad se vivirá de una forma ordenada y saludable. De nada le sirve a un adolescente comprender todos los peligros a los que se enfrenta cuando ejerce una sexualidad desordenada, si desconoce por completo el abecedario de lo emocional: Qué es el amor, qué es enamorarse, qué es aceptación, qué es rechazo, qué es codependencia…

Jesús, como decíamos, sólo nos “golpea” con 4 declaraciones categóricas atingentes a la sexualidad. Las mencionaremos añadiendo un pequeño comentario, que no pretende ser exhaustivo.

1. Divorcio: (Mt. 5:31-32; Mt. 19:9; Mc. 10:11-12; Lc. 16:18).

“Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio” (Mt. 19:9).

Declaración siempre controversial. El detalle surge de la traducción de la palabra griega “porneia”. Algunas versiones la interpretan como adulterio, otras como inmoralidad sexual o como fornicación. La traducción más acertada oscila entre “adulterar” e “inmoralidad¨. Para Jesús una persona puede divorciarse cuando existe una adulteración del matrimonio o una inmoralidad dentro de la relación matrimonial. Esta definición va más allá de simples actos sexuales. También incluye todo aquello que adultere el pacto matrimonial. El abuso psicológico, la violencia de toda índole, irrespeto, abandono etc.

2. Codicia sexual: (Mt. 5:27-28).

Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio. Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón” (Mt. 5:27-28).

Una vez más, esta frase de Jesús es controversial. Si él mismo fue tentado en todo ¿Cómo es que ahora dice que nadie puede ver a otra persona y sentirse sexualmente atraído porque estaría pecando?. Lo que pasa es que el texto no dice eso exactamente. El texto no habla de una simple atracción e incluso de una tentación. La palabra griega que utiliza para “ver” es “blepo” que es más que un simple ver, es “aferrarse con la mirada” (es la diferencia que encontramos entre ver y observar) Pero, a diferencia de otro vocablo griego “horao”, “blepo” no se detiene a pensar, a analizar, no es una observación inteligente, utiliza únicamente el sentido de la vista. La siguiente palabra clave es “epitumeo”. Este vocablo está compuesto de dos partes: “epi”= sobre y “tumos”= pasión. Normalmente es traducida por “codicia”, es decir: observar apasionadamente. Ya no es una simple atracción, sino una mirada que se esfuerza premeditadamente para provocar una reacción, encaminada a violentar (adulterar) el matrimonio (propio o ajeno).

3. Relaciones desordenadas: (Jn. 4:16-18).

—Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá —le dijo Jesús. 
—No tengo esposo —respondió la mujer.

—Bien has dicho que no tienes esposo.Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad. (Jn. 4:16-18).

Una vida de relaciones inconstantes, desordenadas, es criticada por Jesús de una forma directa. Este pasaje no tiene complicaciones en su interpretación y es tomado de la misma manera casi universalmente.

4. La mujer sorprendida en adulterio: (Jn. 8:1-11)

—Mujer, ¿dónde están?¿Ya nadie te condena? 
—Nadie, Señor.

—Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. (Jn. 8:11)

Jesús sabe que la Ley Mosaica prohíbe rotundamente el adulterio, con lo que está de acuerdo. Para Jesús adulterar una relación matrimonial es pecado. La Ley Mosaica ordenaba matar a todos los adúlteros (Lv. 20:10; Dt. 22:22). Pero la encrucijada teológica se pone de manifiesto cuando todos admiten que han “adulterado” alguna vez y de alguna manera, todos han pecado. De esa manera todos son merecedores de la pena capital. Uno a uno dejan su cara de enojo, la cambian por resignación, sueltan lentamente las piedras y desaparecen sigilosamente.

Este pasaje nos alecciona. Ante todo pecado sexual solemos señalar con dedos furiosos. Nuestras miradas encendidas y nuestras palabras airadas son lanzadas con furia hacia aquellos pecadores. Pero Jesús nos enseña que también nosotros somos transgresores de la Ley, que todos necesitamos de su gracia para ser perdonados.

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3 Comments

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  1. Comparto tus creencias en este tema, creo que esta es una exponencia de alto valor y con una transparencia de parte de las escrituras que nos debe llevar a confiar que tenemos un Salvador, en muchas oportunidades, más humano que nosotros mismos.

  2. Es interesante que la biografía sentimental y sexual de la mujer de Samaria que se entrevista con Jesús no es óbice para su despertar a la vida espiritual y para que otros creyeran en Él por medio de ella. Al respecto, la recomendación del psiquiatra español E. Rojas es muy atinente. Qué había en la búsqueda de esta mujer en sus amores o amoríos sucesivos?

  3. ¿Que dice Jesús sobre el sexo fuera de la institución matrimonial? ¿Debemos estar casados para tener sexo?
    Agradeceré que alguien responda mi inquietud.

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