La Isla de los Hombres Solos y una bolsa de basura


Julio César el emperador romano, Gustavo Adolfo Becquer el poeta del  siglo XIX, Dave Thomas el fundador de Wendy´s, Johan Sebastian Bach el compositor,  Tolstoy el escritor, Louis Armstrong el músico de jazz, John Lennon el Beatle, Ingrid Bergman la actriz, Malcom X el activista de los derechos de los afroamericanos. Todos ellos tienen algo que los une desde su más temprana niñez: la orfandad y la adopción.

Costa Rica cuenta con un huérfano notable:  José León Sánchez, el escritor que retrata prodigiosamente la vida en la cárcel de San Lucas. Doña Ester, su mamá, lo quiso vender, pero le fue imposible porque el pequeño bebé había nacido muy enfermo.  Lo intentó canjear por un saco de sal, pero le respondieron que no, porque ese bebé era “más amarillo que una yema de huevo”. Doña Ester entonces lo regaló y el niño terminó en el Hospicio de huérfanos de San José, del que se fugó al cumplir los 10 años junto a Aracelly, su hermana. En su cuento “La niña que vino de la luna” narra la trágica historia de su hermana, quien fue explotada en el comercio sexual desde los 14 años y  asesinada por su esposo y explotador.

El fantasma de la orfandad nos ha hecho temer a todos ¿Quién en algún momento de su niñez no ha pensado que en realidad ha sido adoptado? ¿No juegan despiadadamente los hermanos mayores, haciéndo creer a los  menores que éstos han sido adoptados?

La UNICEF estima que en el 2005 habían unos 132 millones de huérfanos solo en África subsahariana, Asia y América Latina y el Caribe. (unas 33 veces toda Costa Rica).

Probablemente la orfandad constituya una de las más terribles carencias que puede experimentar un ser humano: la carencia de uno o ambos progenitores. Esa carencia es agravada por las diferentes experiencias que deben sobrellevar en las casas de acogida, hospicios y otras dependencias. El eterno sentimiento de desarraigo, la profunda carencia de lazos afectivos sanos y estables, la insistente idea del rechazo, la rotunda escacés de posesiones personales, de intimidad y de libertad, son solo algunos de los grandes valles por los que deben transitar tantos y tantos niños y niñas.

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Una muñeca despeinada, dos libros de cuentos, unas gafas oscuras, pintura de uñas, prensas para el pelo, dos pares de zapatos, blusas y vestidos, un sobre con fotos y una taza de La Sirenita. También ropita de bebé recién nacido, un gorrito y guantes diminutos, pañales, un pequeño mickey de peluche, dos chupetas, dos biberones y un tubo de “pañalito”. Todo esto distribuido en 3 bolsas negras de basura cerradas con un nudo mal hecho. Ella las contempla apesadumbrada y dura. Tiene 15 años y acaba de dar a luz a un bebé prematuro, nacido de 8 meses.  El PANI (Patronato Nacional de la Infancia) ha decidido que debe trasladarla a otro albergue. Ella irá a uno, su bebé a otro. Todas sus posesiones, toda su vida, todo lo que quiere y puede llamar “mío” se encuentra en el suelo, envuelto por un plástico negro que el resto de la población utiliza para lo que considera basura. Basura, es una palabra que se repite constantemente desde hace muchos años. Y basura es la palabra que se le viene a la mente hoy, al contemplar sus bolsas para irse.

La historia se repite incontables veces. Ellos, al partir una vez más, ven una bolsa de basura y dentro de ella cabe todo, todo lo poco que poseen de verdad.

Es, quizás, un detalle tonto para muchos. Pero la palabra basura no se irá de esas bolsas ni de sus vidas. Un detalle que sí determina algo, que sí dice algo, que sí escribe algo y que sí tiene un resultado duradero en el corazón de miles de nuestros niños. Porque ellos, también son nuestros.

Hoy escribo estas letras como un reclamo, como un grito, como una denuncia, o como una lanza. Disparo sin blanco fijo, solo disparo mis palabras con el anhelo de que alguien se una a ellas para hacer un cambio. ¿No habrá presupuesto para que nuestros niños huérfanos tengan un maletín para sus cosas? ¿No existirá alguna entidad que pueda donarlos? ¿No podremos hacer que la palabra basura desaparezca de sus corazones? ¡No más bolsas de basura para nuestros niños!

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One Comment

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  1. Me parece que todos entendemos que tenemos nuestra cuota de responsabilidad… Que Dios nos ilumine para actuar de alguna manera!!!

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