El trasero de dos caballos y la Iglesia.


El trasero de dos caballos:
¿Qué tienen que ver dos traseros de caballo con el lanzamiento de un transbordador espacial? Una pregunta presuntamente disparatada pero que, sin embargo, tiene una respuesta muy relevante. Al intentar establecer una relación directa entre dos traseros de caballo y el lanzamiento de un transbordador espacial, probablemente pensemos que realmente no existe tal relación, pero una mirada concienzuda nos sacará del equívoco.

1,43 metros de media. Ese es el ancho de dos traseros de caballo que caminan uno junto al otro. Y es justamente el ancho promedio en la gran mayoría de las vías de ferrocarril en el mundo. Lo que corresponde al ancho o la distancia que hay entre las ruedas de los vagones. ¿Pero quién determinó esta medida? Bueno dando un paso más hacia atrás, nos damos cuenta que quienes construyeron estas vías de ferrocarril fueron los mismos que construyeron los tranvías. Y los constructores de los tranvías usaron esa medida porque usaron las mismas plantillas que se usaron para construir las carretas. Esas carretas tenían esa medida, como media, entre sus ruedas. eso se debe a que los caminos por los que transitaban las carretas tenían ya unos surcos por donde debían ir las ruedas, si las ruedas no encajaban en los surcos, la carreta corría el riesgo de romperse. Esos caminos con surcos fueron construidos por los romanos, ya que las carrozas del ejército imperial tenían esas medidas entre las ruedas. Y esas carrozas imperiales de combate eran tiradas por dos caballos, por lo que el ancho del trasero de dos caballos ha determinado desde hace miles de años la medida de calles, carretas, vías, trenes y automóviles.

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¿Y el transbordador espacial? ¡Claro, aquí vamos a eso! Si observamos con cuidado, en el transbordador hay dos cohetes enormes al lado del tanque de combustible. Los cohetes se fabrican en Utah. Al inicio habían pensado hacer los cohetes más grandes, pero el único medio de transporte capaz de llevarlos hasta el lugar de lanzamiento sin paralizar carreteras o causar algún peligro, eran los trenes. Así que sin la medida de dos traseros de caballos, que es la medida del ancho de las ruedas de los carros del ejército romano, que es la distancia que hay entre los surcos en las carreteras romanas, que es también la distancia que hay entre las ruedas de las carretas y que, también, es la distancia entre las ruedas de los vagones de los trenes… no habría lanzamientos de transbordadores espaciales.

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¿Cómo llega el agua?
Algo similar podemos ver en la historia del agua que nos llega a casa. Al inicio, la humanidad buscó lugares próximos a lagos y ríos para asentarse y sobrevivir.  Aún así, tenían que caminar hasta el río para poder llevar el agua hasta sus casas. Tuvieron que inventar recipientes especiales y algunos medios de transporte rudimentarios para esta tarea. Esos recipientes solo podían contener una pequeña cantidad de agua. Las personas debían caminar llevando los recipientes a cuestas, lo cual resultaba agotador y poco funcional, aunque indispensable para la supervivencia.

Pronto la creatividad humana dio un salto crucial. Es quizás uno de los salto más importantes, algo así como el descubrimiento del fuego, la agricultura o la invención de la escritura, aunque menos publicitado. El ser humano creó un innovador método para obtener el agua, casi desde cualquier parte donde estuviera. Ahora podían construir sus viviendas lejos de los ríos y, a la vez, tener acceso al agua por medio de un invento revolucionario: Un pozo con una bomba de mano. Este invento lo cambió todo.

Pero la historia del agua no se detiene ahí. El paso siguiente fue aún más impresionante. Ahora aquella bomba de mano que estaba en un pozo afuera de la casa, se podía tener en la mismísima cocina, dentro de la casa. ¡Imaginen lo que ese cambio significó para la humanidad! Ya no tenían que salir de casa para obtener el agua, ni siquiera se cansaban. Ahorraban mucho tiempo y energía, bastaba con ir a la cocina, bombear y obtener agua para cualquier necesidad.

Sin embargo, muy pronto se dieron cuenta que tener una sola llave de agua era insuficiente en casa. Ir a la cocina cada vez que se necesitaba agua resultaba ya cargoso e incómodo. Así que, con la llegada de la electricidad, se puso en marcha el siguiente paso. La bomba eléctrica llevó el agua a un sinnúmero de puntos dentro de la casa. ya no era necesario ir a la cocina, ahora el agua podía llegar a cualquier punto deseado de la casa.

De caminar hasta el río a caminar hasta el pozo, de caminar hasta el pozo a caminar a la cocina, y de caminar hasta la cocina a tener agua en todas partes. Uno de los cambios más significativos de esto fue la introducción de los baños dentro de la casa.

La forma de llevar el agua a cada ser humano ha cambiado radicalmente, creativamente, sustancialmente. Pero lo que no ha cambiado es la necesidad de la gente de acceder al líquido vital. La forma ha cambiado, el líquido es el mismo. El agua es el valor esencial; el cubo, la bomba manual o la bomba eléctrica son solo la forma de transportar el valor esencial.

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¿Y la Iglesia?

También la forma de transportarnos ha cambiado radicalmente, creativamente, sustancialmente. Trenes de alta velocidad, han sustituido a los ferrocarriles y éstos a los tranvías, carretas etc. Pero por más de 2mil años algo no ha cambiado. Los 1,43 metros siguen siendo los mismos después de todo.

La Iglesia es el vehículo del mensaje cristiano. Su sal y su luz solo salan e iluminan si logra comunicar efectivamente ese mensaje (Rom. 10:14). El valor esencial es el mensaje del Evangelio, no la forma de la Iglesia. A esto es a lo que llamamos ser “culturalmente relevantes”. La relevancia cultural radica en encontrar el vehículo adecuado en el que se puede entregar el Mensaje del Evangelio.

¿Qué hubiera pasado si alguien hubiese dicho que era demasiado arriesgado cambiar la bomba de agua en el pozo del patio por la bomba en la cocina de casa? ¿Qué sería de nosotros si el conservadurismo legalista en cuanto al agua hubiera afirmado “nuestros antepasados siempre recolectaron agua con cubetas”?

La parte triste es que en términos eclesiológicos vivimos esa resistencia. Frases como “eso nunca se ha intentado” o “Esto siempre lo hemos hecho de esta manera” o “Demasiado arriesgado cambiar esto”, equiparan la forma de la Iglesia con el Evangelio mismo, y eso es un error gravísimo.

Lo mismo ocurre con el sermón. Las opiniones anquilosadas en un paradigma “anti cultura” califican un sermón por su forma: “El sermón debe tener estos elementos”. El equívoco es igual de grave, equiparar el sermón con el Evangelio es grave.

“La liturgia debe contener las partes establecidas” propugnan, equiparando liturgia eclesiástica con Evangelio de Dios.

Si la iglesia olvida que solo es el envase, deja de ser Iglesia de Cristo; si el sermón olvida que solo es vehículo, deja de ser predicación del Evangelio; si la liturgia olvida que solo es símbolo, entonces deja de ser luz y deja de ser sal y se convierte en mera repetición ya sin sentido para muchos.

¡Que cambie la Iglesia, pero no Jesús!
¡Que cambien los sermones, pero no el Evangelio!

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2 Comments

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  1. Todo se desvirtúa al querer ser nosotros los protagonistas y olvidar lo esencial del mensaje y a quién representa.

  2. Excelente articulo José. Felicidades y queremos otros mas!

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