Los Malos


malos
Sin entrar en muchos detalles, la gran mayoría de nosotros recibimos muchos mensajes y noticias que nos hablan acerca de los terroristas. La gran mayoría de esos mensajes, intencionalmente o no, nos inducen a pensar que los terroristas son personas que vienen de ciertos lugares, de cierta religión, con cierto color de piel y que desean matar a todos los que no piensen como ellos.

Lo cierto es que todos los terroristas son malos. Pero no todos los malos son terroristas. Los malos no siempre tienen la misma religión, ni vienen de países específicos o su piel tiene un color similar.

En este mundo, lamentablemente, hay personas malas. Hay gente sin escrúpulos que hace daño, mucho daño. Los hay en todas partes, de todas las razas y de todas las religiones.

Las noticias también nos hacen pensar que hay un “choque de civilizaciones” entre Oriente y Occidente y, mas específicamente, entre el mundo musulmán y el resto del mundo. De esta manera, la información que recibimos va reduciendo las tonalidades. Nos entrega solo dos tonos: Hay una parte del mundo que es buena y hay otra que es mala. Dentro de esos dos tonos, la información continúa hilando cada vez más fino y nos hace colocar dentro de los malos a los de Oriente y, dentro de los buenos, a los de Occidente. Aunque en Oriente haya gente buena, nuestro cerebro piensa que Oriente quiere aniquilar Occidente y, aunque en Occidente haya gente mala, nuestro cerebro tiende a pensar que no son tan malos en realidad. Pero el tejido se estrecha aún más cuando la información que recibimos nos obliga a introducir dentro de esos dos únicos tonos la dimensión religiosa. De esa manera nuestra mente tiende a decidir cuál religión es mala y crea gente mala y cuál es buena y no crea gente mala. Así llegamos a la conclusión de que los musulmanes son los malos.

De esto no se salvan los cristianos, quienes muchas veces caen en la trampa de esta nefasta dicotomía. Saben que tienen que amar al prójimo y nunca desear el mal, sino pagar al mal con el bien. Pero al cristiano se le hace muy difícil escapar del engaño informativo y recurre al pensamiento facilista de que los malos deben morir. Incluso piensa que es inevitable, que es parte del “fin de los tiempos” y se lava las manos con el pensamiento de que todas esas muertes, allá donde viven los malos, se deben al cumplimiento de profecías, y no debemos lamentarnos sino alegrarnos de que “Su regreso esté cerca”. Lo cual hace caer en el mismo doloroso pensamiento que tan fervorosamente suelen criticar de “los otros”, de “los malos”, esa idea de que “los infieles deben morir”. Y así es como los cristianos muchas veces adquieren ideas y lenguaje extremista, fundamentalista y cuesta diferenciarlos de “los otros”, “los malos”.

No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. (1 Pe. 3:9).

La Biblia se cuida mucho de no ponerle tinte religioso a la maldad. Su descripción se resume en una frase: “los malos” pero no los etiqueta como ateos, de cierta etnia ni de cierta religión. Antes bien nos dice que entre los mismos elegidos hay hombres malos que parecen buenos (Dt. 28:54) y mujeres malas que parecen buenas (Dt. 28:56). Nos dice que cualquiera de nosotros podría ser malo también y caminar con gente mala (Sal. 1:1, Pr. 4:14).  Se nos dice que Dios no quiere el mal, la muerte o la desgracia para los malos, porque ellos pueden arrepentirse (Ez. 33:11). Una cosa también dice reiteradas veces, y en esto debemos comprender que los Textos sagrados no engendran gente mala, aunque tengan versículos que inciten al asesinato (Malaquías 4:3).

El Nuevo Testamento tampoco etiqueta la maldad con tonos religiosos o raciales. Mas bien dice que Dios “hace salir el sol sobre buenos y malos” (Mt. 5:45). El hilo se tensa más de lo que quisiéramos cuando el Nuevo Testamento nos señala como “malos” (Mt. 7:11, Mt. 12:34).

No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.  Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. (Rom. 12:17-18).

Para Jesús el mal no proviene de una filosofía, de una religión o una etnia, sino del corazón de cualquier ser humano (Mc. 7:21, Mt. 15:19). Y, en cuanto a la actitud que pide de nosotros cuando nos encontremos en situaciones en las que la gente mala nos hace daño, nos dice:

Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y malos. (Lc. 6:35).

Dicho todo lo anterior ¿Quienes son los malos? ¿Qué piensa Dios de ellos? ¿Qué debemos pensar nosotros?

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